Un dia en la vida de cristina, la hemorroisa
Un dia en la vida de cristina, la hemorroisa (originalmente publicado aqui https://rainbowcatholics.org/a-day-on-the-life-of-christine-the-hemorrhoisa/ )
Cris, Cristina, la hemorroisa, ya no sabe que hacer. El flujo le sigue apareciendo pese a estar tomando esa infusión que el médico le recomendó tres veces al dia. Su cuerpo, sus genitales, son diferentes a los de los demás, no se comportan como a ella le gustaría, no son como deberían. El problema no es tanto la sangre, apenas uno o dos hilillos al día, sino lo que significa para ella y los demás. Por un lado que es estéril y por tanto ningún hombre tiene interés en casarse con ella, por otro que es diferente, que está siempre impura, y las mujeres también la rechazan por miedo a que lo que tenga se les contagie de alguna manera. Las que lo saben no la ven ni la tratan como a una igual, porque no tiene la regla como ellas, y le duele. La tratan mucho mejor las mujeres que no lo saben, que si la tratan como a una más de ellas, pero a cambio de no poder contarles el problema que le pasa, a costa de no poder revelar su autentica identidad de hemorroisa, a costa de vivir metida en el armario, de engañarlas, de no poder abrirse verdaderamente a ellas.
Esa es la situación en que está ahora con María. María es su amiga, llegó al pueblo hace unos meses, recién casada con su marido. No conocían a nadie y Cristina aprovechó la oportunidad para hacerse amigas. María es muy cariñosa y la trata muy bien, como una amiga, como una igual, porque no sabe que Cristina es la hemorroisa, pero sin duda se enterará pronto. Hoy han ido a comprar el pan y la tendera, que si lo sabe, en que mala hora Cris se lo contó, le dijo a María que no debía juntarse tanto conmigo, aunque no dijo el porqué. Creo que María ya se huele algo y en realidad me siento muy mala amiga por no poder contarselo, por tener que guardarmelo para mí.
Y estos días se escucha hablar de un hombre, llamado Jesús, que va curando a todo el que se le acerca, sordos, mudos, paralíticos, leprosos, y se me ocurre que quizás también me podría curar a mi, arreglar mis genitales, pero cuando le comenté mis planes a mi madre, ella se burló de mi. -Ni se te ocurra, Cristina. Ese hombre ha venido a curar cosas importantes, a cojos y a ciegos, a personas que se mueren, a niños enfermos. Lo tuyo no es nada de eso, lo tuyo es algo pequeño, minúsculo, y que no merece su atención, así que quítatelo de la cabeza.
Y su padre fue aun peor -Tu naciste así, Cris, estéril y diferente. El plan de Dios para ti es ese, simplemente. Ni se te ocurra molestar a ese hombre con algo que Dios te impuso de nacimiento, si eres impura es porque Dios lo ha querido así.
No la dejarían acercarse a Jesús, ni le llamarían si pasara por allí para que viniera a curar a su hija. Les daba demasiada vergüenza tener a una hija así, hemorroisa, como para encima anunciarlo públicamente pidiendo ayuda. No, mejor guardar los trapos sucios, que su hija es hemorroisa, en casa. Tampoco creían que ese tal Jesús pudiera ayudarles de verdad. Quizás era especialista en cojos y ciegos, pero jamás se había escuchado de que hubiera curado algo parecido a lo que tenía Cristina.
Y una tarde Cristina escuchó que aquel Jesús iba a pasar por el pueblo, para curar a la hija de Jairo, el jefe de la sinagoga, que sin importarle el que dirán, había ido a buscarle y pedirle ayuda. Su hija, una niña pequeña, se estaba muriendo y no había dudado en pedir ayuda a aquel que muchas veces, en la sinagoga, había criticado duramente. Y Jesús tampoco dudó y salió rápidamente hacia donde estaba la pequeña, para salvarla. Eso si le parecía a la hemorroisa un esfuerzo digno de Jesús, digno de recibir todo su poder de curación, y ella se alegraba por ello. Cristina conocía a la niña y a Jairo, eran casi vecinos, pues la sinagoga estaba apenas un par de casas más adelante de la de Cristina, que era de buena familia, lo que añadía si cabe más dolor a sus padres por su indignidad.
Cris sabía que Jesús tenía que pasar por su calle, por delante de su casa, pasaría por allí y ella no podía dejar pasar su oportunidad. No era digna de pararlo ni de pedirle nada, Él era Dios, ella estaba convencida, y ¿cómo molestar a Dios, precisamente cuando va a curar a una niña que se muere? Lo mio no es nada en comparación, pensó, y sin embargo lo necesito tanto... Pero como contarle mi problema, como molestarlo, cuando hay tantos problemas tan urgentes y tan mayores que el mio. Y es que además los que me conocen no me dejaran acercarme a él, dirán que estoy impura, que Dios lo ha querido asi y que no le moleste con mis problemas de impurezas de mujer y genitales, que eso es de nacimiento y poca cosa.
Pero aún así, si Dios pasa por mi puerta, ¿cómo no acercarme, cómo no buscarlo, cómo ignorar que esta pasando a mi lado? Yo se que soy muy poca cosa y no quiero importunarle con mi presencia, ni que pierda un instante en mi cuando tiene niñas que salvar, asi que simplemente me acercaré a él por atrás e intentare tocarle, simplemente tocarle aunque sea un fleco de su ropa y que sea lo que Dios quiera. Él lo puede todo, hasta sanar a una pobre indigna como yo, de eso estoy convencida. Y hablo de tocar, pero en el fondo de mi alma pienso en agarrarlo, en no soltarlo, en abrazar a Dios como la que se abraza a un clavo ardiendo, sabiendo que el resto del mundo no tiene solución ni esperanza para mi, que ya me han condenada, que ya me han juzgado indigna y que solo Él puede salvarme. Porque si Él no lo hace esta es la única vida que podré vivir, la de una mujer incompleta, impura y estéril.
Aprovechando un descuido de mis padres, salgo de la casa y me cuelo entre la multitud. El tal Jesús no parece haber llegado todavía pero se ve como se acerca ya un grupo de gente. ¿Quién será Jesús? me pregunto mientras aguardo entre la multitud. Pero cuando apenas están ya a pocos metros de mi, lo veo claramente, hay mucha gente pero todos se arremolinan ante él y solo hay que ver su mirada para saber que no es un hombre normal, hay algo muy especial en él. No me ve, no me ve, mucho mejor, tengo que dar un par de empujones para ponerme en primera fila pero me da igual porque estoy ya muy cerca de Él, solo quiero tocarlo un poco, un instante, que sepa que estuve aquí a su lado, mirandole, que soy Cristina, la hemorroisa, que lo necesito, que lo necesito más que a nadie, aunque esa niña se muere, que se que soy indigna, que no soy nada, que solo necesito tocarle y Dios me sanará, que no quiero hacerle perder ni un instante conmigo, que se que Dios tiene cosas mucho mas importantes que hacer como salvar a esa niña y yo no quiero ser impedimento porque además la conozco y es muy joven y no merece morir. Y entonces, de repente, lo consigo, alargo el brazo y lo toco.
Y...y... algo pasa, no se que es pero algo pasa. Algo ha pasado aunque no sabría muy bien el explicar el que. Y...y... Él también lo ha notado, se ha parado de repente y mira hacia los lados ¿Estoy curada? No lo sé, pero es verdad que me siento diferente, algo ha cambiado en mi interior. Jesús habla, pregunta quien lo ha tocado y me invade un miedo terrible, no, no tenia que haber venido, tenia que haberme quedado en casa, como decían mis padres. Yo no quería que se parara, yo no quería hacerle perder el tiempo, es la niña, es la niña la importante, no te pares en mi por favor, no soy digna, no lo merezco, ya lo hiciste, ya creo que me curaste, algo pasó Señor, no es necesario que te entretengas más conmigo. Pero Jesús sigue preguntando quien le toco, y temo por la vida de la niña, no puedo esconderme por más tiempo, no puedo entretenerlo más, mejor salir y afrontar mi castigo por acercarme, por tocarle, por hacer lo que no debía, por pensar que yo también podía, que yo merecía ser sanada y salvada. Por entretener al Señor con problemas de mujeres y genitales incorrectos. Por hacer todo lo contrario a lo que todo el mundo me dijo, por negarme a aceptar esa vida y cuerpo que Dios me había dado.
Y salí de la multitud y me arrodillé ante Él pidiéndole perdón por tocarle, no me atrevía a mirarle a la cara, ¿por qué? ¿por qué lo había hecho? Soy una tonta. Pero entonces fue Él el que me tocó a mi, me tocó la mano haciendo el ademán para que me levantara y yo levanté mi mirada y lo vi y me sonreía, me sonreía, me sonreía. No entendía nada, ¿no estaba enfadado? Lo había retrasado, lo había importunado, me había acercado y lo había tocado contradiciendo todas las advertencias y consejos ¿y no estaba enfadado? no tenia sentido. ¿Y me sonreía a mi? no era posible. Y entonces me dijo "Hija, tu fe te ha salvado", hija, como una mujer más, como una, como todas y lo noté, noté que yo ya no era diferente, que mi cuerpo estaba bien, que en realidad nunca estuvo mal, que simplemente era distinto al resto y yo me sentía indigna por eso, pero ya nunca más. El Señor me había sanado, y había hecho mucho mas que eso, me había tocado y levantado, me había mirado y sonreído y me había dicho hija. Cosas con las que yo antes jamás habría soñado, y sin embargo ahora... ahora si estaba sanada de verdad. Ahora si me sentía su hija, me sentía digna, me sentía igual a las demás, sentía que mi cuerpo era válido y bueno y que Dios me amaba y me sonreía.
No se cuanto duro ese instante, la verdad, porque para mi se me hizo un año entero, una decada, podría vivir toda la vida en ese instante. Pero la niña pequeña también necesitaba de su ayuda, la niña pequeña... Si Jesús podía hacer en los demás lo que había hecho conmigo ¿cómo quedármelo para mi sola? No podía, había mucha gente necesitada en el mundo y yo ya estaba sanada, su tarea conmigo estaba hecha y le di las gracias y le pedí que se fuera a salvar a esa niña, que yo ya estaba sanada. Y Jesús se fue, sin dejar de sonreírme. Y yo me quede ahí, como una tonta, en mitad del camino, mientras Él y la muchedumbre se alejaban hacia la sinagoga. Y era verdad que estaba sanada, pero era mucho más. Jesús la había tocado y había transformado su corazón y Cristina ya solo era Cristina, a secas o quizás incluso Cristina, la del Señor, pero eso ya se vería.
Esta historia está basada en los eventos que se relatan en los evangelios Marcos 5:21-43, Lucas 8:40-56 y Mateo 9:18-26, conocidos como la curación de la hemorroisa. Sé que las personas lgtb por lo general sentimos un importante rechazo hacia la religión, que nos ataca, pero lo cierto es que Jesús está para todos y sana a todo el mundo, sin distinciones, como a la hemorroisa. Como mujer trans esta es una historia que siempre me ha fascinado, atrapado y también ayudado mucho y es mi deseo lector, lectora o lectore que este pequeño relato pueda de alguna forma ayudarte como lo hizo conmigo y que la paz y la bendición del Señor sea con todos ustedes.
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